Zakatuerka

 

De acuerdo al confuso relato del Mek ZakaTuerka, sólo pude deducir que humanos brillantes habían derrotado a su patrulla, cuando la gran bestia vio lo que había escrito, me dijo –konzigue maz palabraz pekeño kazi kanijo- por lo que, con el glifo del gran jefe, fui a buscar a ZakaTuerka.

Lo encontré en su tienda, ensamblando de nuevo el terrible artefacto que tenía en un brazo, enseñándole el glifo, le pregunté si me podía contar de nuevo lo que había pasado con su patrulla, a lo que me respondió – Pfft pekeño zcriba te lo puedo mostrar oh si – antes de que me diese cuenta, me estaba colocando un casco maloliente que iba directamente conectado a su ojo de metal.

Desde una posición elevada podía ver una avenida de lo que otrora fuere una ciudad imperial, solo edificios en ruinas cubrían ambos lados de la misma, dos grupos de chikoz y unos gretchinz cubrían el tránsito de la avenida principal, mientras que un ruidoso jefe de guerra daba órdenes detrás de ellos, asimismo, un extraño vehículo (una palabra vino a la visión del casco) Shokkjump estaba aparcado en la parte posterior de la patrulla.

Sin previo aviso, destellos dorados y sombras azules descendieron sobre los viles alienígenas, forzando a retirarse a los gretchinz y a un escuadrón de chikoz, los gloriosos guerreros dorados de leyenda, los guardias del emperador, estaban a la caza.

Su líder, un gigante que blandía una lanza encima de un vehículo había despachado ya a media docena de chikoz cuando fue alcanzado por una andanada de disparos del escuadrón restante, los disparos rebotaron sin efecto en la gloriosa superficie de su armadura, a lo que siguieron los disparos del Shokkjump y del jefe de guerra.

Una risa gutural salió de lo que aparentaba ser mi perspectiva, un chillido y un rayo impactó de lleno contra el imponente líder de los Custodes, era el arma del mek, la cual dejó muestras de su destrucción en el vehículo y la armadura del superhumano que aún se erguía orgulloso, la risa no paró, sino que se hizo más pronunciada cuando un segundo rayo le dio de lleno al capitán comandante, destruyendo el vehículo y haciéndolo desaparecer en una lluvia de escombros.



La respuesta del resto de Custodios no se hizo esperar, gigantes dorados aparecieron de la nada en la retaguardia, cercenando con sus disparos el arma del mek y obligándolo a limitarse a observar el combate.



El jefe de guerra fue alcanzado por los dorados y sombríos guerreros, tasajeando a uno de los gigantes dorados antes de ser reducido y obligado a huir mientras que el vehículo explotó mientras arremetía contra los custodios restantes, haciendo saltar partes de sus armaduras.

-Ezo fue suficiente- dijo Zakatuerka mientras me arrojaba fuera de su tienda.

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