Crónica de las Bestias

 Año 75 de la era de la Bestia

Lo único que hice fue golpearlos con un libro, esas despreciables criaturas con narices y orejas largas que acompañan a los grandes brutos verdes, ni el planeta, ni el sistema estaban cerca de las fronteras amenazadas del imperio, y por lo que sé, no nos atacó una gran flota, ni se quedaron mucho tiempo.

En el año 67 del milenio 42 estaba cursando mis estudios en el mundo paraíso de Chillium, en el sector Solar, gracias a la modesta posición de mis padres en el Administratum, pude acceder a la academia Lauretea de recuerdo de leyes en este paradisiaco lugar, academia de la cual podría haber egresado como escriba asistente para un Magistrado, mi facultad, era un manojo de nobles privilegiados que se vanagloriaban de descansar sobre los cuerpos de hombres más grandes que ellos, quizá lo único bueno de la incursión fueron dos cosas:

1.       El “desembarco” tuvo lugar en la facultad, es decir, los pieles verdes estrellaron su pecio contra mi casa de estudios, derribando los edificios y dejando una estela de destrucción que surcaba la mitad de la ciudad.

2.       Había conseguido archivar y registrar las pensiones de defunción a favor de mío gracias a una relación breve que tuve con una acólita del culto mecánico.

Los pieles verdes irrumpieron en los dormitorios antes de que se pudiera realizar cualquier intento por bloquear las puertas o huir, los gritos del personal del edificio, así como los de los estudiantes se oían y eran ahogados intermitentemente, cuando los gretchinz entraron al pasillo que ocupaba con otros tres estudiantes, lo único que atiné fue a golpear al primero que subió por las escaleras con el código que tenía a la mano, un tratado sobre las leyes referidas al comercio de ganado y referencias a una especie  de cuadrúpedo que ya no existía.

Hubo un breve silencio roto únicamente por el sonido del gretchin aterrizando sobre algo, con temor nos asomamos por el barandal, para ver algo horripilante.

Los pieles verdes estaban dejando inconscientes a algunos ciudadanos, mientras que a otros los mataban de forma tan brutal como podían realizar sus mentes alienígenas, personas usadas como garrotes, abiertas en canal o simplemente desnucadas de un puñetazo.

Sorpresivamente los alienígenas tomaban en brazos a algunos y los metían en jaulas, al momento que me volví para intentar correr por el pasillo a mis espaldas el piel verde más grande y lleno de partes metálicas que vi nos apuntó con un arma y todo se convirtió en sombras.

Horas más tarde, desperté aterido de frío, recostado en un duro suelo metálico, con otras personas a mi alrededor, todos en diferentes estados de shock, cuando una voz gutural nos dijo: “Humanejoz, tienen mucha suerte, tanta suerte que deberían ser azules! Ccada uno de uztedez akompañará a un kaudillo para escribir sobre zuz peleaz, eza ez la voluntad de la Gran Bestia verde!”

Increíblemente extrañado, por la selección de los pieles verdes pensé en cómo sabían que todos podíamos escribir, mucho menos leer, cuando me di cuenta ¡Todas las personas en las jaulas usaban gafas!

Es así, que ahora soy el ezcriba del Matasanos Ezzalud que sirve a un kaudillo que no se ha molestado en presentarse, que el Emperador me perdone, pero espero que los escritos aquí realizados sirvan para que la humanidad se dé cuenta del horror que en verdad representa esta amenaza alienígena.

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